Jugando al escondite
Es la isla preferida por todos aquellos que buscan un lugar para huir, el refugio de los elegidos. De corazón mediterráneo y buenas maneras, este rincón de Italia varado en el mar encierra tantos encantos como tranquilidad en su ambiente. Pequeña en dimensiones y grande de espíritu. Así es Capri, eterna fuente de inspiraciones.
Fue César Augusto el primero en descubrir los grandes valores antiestrés de que goza la isla. Tras él, toda una pléyade de personajes, célebres como Lenin o Julia Roberts, y anónimos, como muchos de los pasajeros que cada día desembarcan en el puerto de la Marina, han podido comprobar por qué a este privilegiado rincón mediterráneo todo el mundo lo llama "el refugio de los elegidos".
Decidir pasar unos días en Capri no es una cuestión banal. Es un capricho, y como todos los caprichos tiene un precio. La luz, las vistas increíbles desde lo alto de alguna de sus elevaciones montañosas, sus grutas, sus placitas casi de cuento, mansiones... Italia se hace noble cuando se lanza de cabeza al mar. Paseando por sus calles, perdidos por su diminuta inmensidad, la imaginación vuela. No resulta difícil contemplar entre fantasías al todopoderoso Augusto exclamando a los cuatro vientos: "Quiero Capri para mí". Una frase que cada cual repite para sus adentros desde lo alto del mirador del parque que lleva el nombre del emperador. La panorámica no defrauda.
Texto: Silvia Roba - Fotos: Remedios Valls
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