La ciudad encantada
Situada en un privilegiado enclave del mundo, con el Mont Blanc de telón de fondo y acariciada por las aguas del Ródano transformado en lago, Ginebra se despierta cada mañana mirándose en su espejo de agua. Una ciudad apacible, muy a la medida del ser humano donde disfrutar del impresionante paisaje que la circunda paseando por sus quais, sus puentes y sus bulevares. Un lugar donde no sólo rigen sus relojes, que se asoman desafiantes en cada esquina o rincón, sino también la gran cantidad de flores y árboles que le otorgan una atmósfera bucólica y romántica. Llamada en su origen céltico "la boca de las aguas" fue la cuna de la reforma protestante. Calvino empezó aquí la Reforma para oponerse al poder papal y creó una república teocrática que hizo frente a los ataques de los duques de Saboya convirtiéndola en una ciudad libre y moderna. Patria también, del filósofo Jean Jaques Rousseau, uno de los padres de la revolución francesa, estuvo anexionada a Francia durante dieciséis años hasta que en 1815, se unió a la Confederación Helvética.
Texto y fotografía: Geles Ribelles.
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