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Un crucero de lujo
Un crucero de lujo La calle Nyhavn, una de las más animadas y pintorescas de Copenhague.Un crucero de lujo La calle Nyhavn, una de las más animadas y pintorescas de Copenhague.Un crucero de lujo Baño en el jacuzzi, contemplando el crepúsculo.Un crucero de lujo Baño en el jacuzzi, contemplando el crepúsculo.Un crucero de lujo El fenómeno del sol de medianoche desde la cubierta.Un crucero de lujo El fenómeno del sol de medianoche desde la cubierta.Un crucero de lujo Atardecer desde la popa del barco.Un crucero de lujo Atardecer desde la popa del barco.Un crucero de lujo Ayuntamiento de Hamburgo.Un crucero de lujo Ayuntamiento de Hamburgo.Un crucero de lujo Castillo de Rosenborg, una de las visitas obligadas en Copenhague.Un crucero de lujo Castillo de Rosenborg, una de las visitas obligadas en Copenhague.Un crucero de lujo El Akerhus o castillo medieval preside el puerto de Oslo.Un crucero de lujo El Akerhus o castillo medieval preside el puerto de Oslo.Un crucero de lujo Puentes que cruzan el canal de Herengracht.Un crucero de lujo Puentes que cruzan el canal de Herengracht.Un crucero de lujo Suite con todas las comodidades.Un crucero de lujo Suite con todas las comodidades.
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Castillo de Rosenborg, una de las visitas obligadas en Copenhague.

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Un crucero de lujo

Travesía por el norte de Europa

Una de las ventajas que ofrecen los cruceros como luna de miel es la de poder disfrutar de los destinos a través de las excursiones organizadas en los diferentes puertos en los que atraca, además de hacerlo durante la travesía disfrutando de las propias instalaciones del barco. Si, como en este caso, se trata de una naviera de lujo, Silversea, mejor que mejor.El trayecto de nuestro reportaje se inicia en Ámsterdam, donde embarcamos, y concluye en Copenhague, tocando además de estos dos puertos el de Hamburgo, en Alemania, y el de Oslo, en la capital noruega. La partida desde Ámsterdam consiste en sí misma en todo un espectáculo ya que el puerto se encuentra ubicado en un entrante de mar y el barco ha de navegar por el estrecho canal hasta llegar a alta mar, lo que dadas las dimensiones de la nave hace que la pericia del capitán se ponga a prueba y éste nos deleite con una suerte de ?bailes? acompasados del buque, deslizándose suavemente por estas aguas y disfrutando de la silueta de la cercana capital holandesa. Mientras, a través de la cubierta, saludamos a los que nos despiden desde tierra como lo hacían en la serie televisiva Vacaciones en el mar, y es que un crucero tiene ese toque clásico y mágico que no se puede percibir alojándose en un hotel.

Texto y fotos: Félix Lorenzo

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